Panza llena, corazón...
Cuando tenemos hambre, cualquier comida nos llena. Pensamos en la manera más eficiente de conseguir algo que nos alimente. Lo más rápido posible, lo más suculento. Pedir delivery siempre es una opción. Pero, antes de eso, vamos a la cocina a ver qué tenemos a mano. Galletitas, una milanesa que sobró de la noche anterior, una pizza con el queso duro y frío. Todo viene bien. Encontrar al alcance algo que nos nutra y que tenga un sabor exquisito resulta poco probable, a menos que hayamos cocinado antes. Para preparar un buen plato elaborado, hay que esforzarse un poco. Pensar cuáles ingredientes comprar, aprender a combinarlos y tener cuidado de no arruinarlos. Después lavar, por supuesto. Un trabajo minucioso, acorde a nuestro paladar. Pero cuando no lo hicimos, cuando tenemos hambre y solo nos queda un pan viejo, no queda otra. ¿Qué pasa si no nos conformamos? ¿Hay que comer el pan viejo, la pizza congelada o la milanesa de ayer? El secreto, tal vez, sea estar bien alimentados y no ...