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Mostrando entradas de 2020

Quién me amará más

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Veo mi vida como si fuera un entramado de escenas de una telenovela dramática. Me di cuenta de esto anoche, antes de dormir. Entendí que mi cerebro funcionó así siempre. Cuando tengo un plan, visualizo en detalle lo que sucederá o mejor, lo que quiero que suceda. El otro día vi por tercera vez la película “500 days of Summer” y la escena en la que se divide la pantalla y muestra, en simultáneo, la expectativa y la realidad, es tan maravillosa como dolorosa. No creo ser la única persona que vive a través de la expectativa, pero anoche sentí algo diferente. Vino a mí un pensamiento revelador, como si hubiera descubierto un secreto. Cuando construyo imágenes mentales de mis deseos, de las conversaciones que me encantaría tener, de las palabras que amaría escuchar del otro, de los logros que alcanzaría si no fuera tan cobarde, me veo a mí misma. Ahí, completa. Porque una cosa es imaginar que estoy viviendo algo desde mis ojos, como si fuera real, y otra muy distinta es ver la ...

Pandemia: miedos privilegiados

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Privilegio. Palabra que uso mucho por estos tiempos. Como si pronunciarla me hiciera más empática con los que no pueden quedarse en su casa, porque no tienen casa, o con quienes no saben cómo pagarán el alquiler cuando se termine el congelamiento, o con los que están solos, o las que cuarentenean con un violento. Ser consciente de que hay personas en una situación más complicada que la mía no es igual que ayudarlas. Entonces, prefiero admitir que, en este caso, uso la palabra privilegio como un aviso a quien lea este post. Levanto la mano antes de que me juzguen: tengo miedos privilegiados en tiempos de COVID-19 o coronavirus, para los amigues. Miedos que no tienen que ver con la muerte o con la crisis económica global (aunque ambas consecuencias me preocupan muchísimo, sobre todo por tener padres grandes y uno con Epoc). Pero no por eso hay que negarlos y meterlos debajo de la alfombra, porque las alfombras tienen sus límites y la tierra siempre termina saliendo por alguna esquina...

Cuando el placer se escapa

Vivir del placer. De una autocaricia a otra. El azúcar en el paladar, el rosa del salmón frente a mis ojos, la explosión del orgasmo y el aroma a esencia de vainilla. Los dedos de una mano tocando la otra, la serie que me duerme, la película que transforma mi vida en un paraíso al lado de la oscura pesadilla que viven los protagonistas.Y si es bélica, mejor. La búsqueda de placer para apalear el estrés diario. Placer constante. Sin pausa. No vaya a ser que la serotonina se me escape por un hueco y entren preguntas con respuestas que me llevan a un solo lugar. No hay carteles, no hay direcciones, no hay coordenadas ni pistas. No hay migas de pan que pueda usar como guía ni recomendaciones en blogs sobre qué visitar una vez que llegue.  Cuando se detiene el placer y entran preguntas, las respuestas funcionan como el subte directo a la estación final: mi cuerpo. No hay salida. Es mi cuerpo, mi mente, mirada, son mis ideas, emociones y acciones. Es el mundo que me creo cuando n...