¿No era que ya estaba a salvo?
Lo que como o dejo de comer para estar flaca. Qué película decido ver en el cine o sola, desde la cama. Lo que siento cuando camino por la calle y agarro fuerte el celular cuando un hombre me mira fijo. Agarro el celular y encojo los hombros, para protegerme. Emito la señal de "tengo miedo" y acelero el paso. Cuando charlo con mis amigas sobre el insoportable pero siempre presente temor a estar sola. Cuando les digo que la paso bien sola y no necesito a nadie. Cuando me maquillo para sentirme más linda. Cuando busco aprobación. Cuando busco discutir. Cuando me viene el imbécil, injusto, pero tan real pensamiento de "qué fácil ser hombre". Cuando percibo la mirada que me juzga, misericordiosa y piadosa, por un lado, venenosa y resentida, por tener 28 años y no tener un hombre al lado que me lleve y me traiga. Que me pague las cenas, que me coja, que me acompañe a las reuniones familiares, que me prometa un futuro feliz, como si viviera en completa oscuridad. Porque...