Querida jaula: te abro o no te abro
Hace unos días empecé un libro que ya había arrancado a leer varias veces y siempre lo abandonaba a la mitad. Suelo hacer eso y no solo con los libros. En este caso, es el "Tratado de ateología", de Michel Onfray, que habla -por supuesto- de la NO creencia en Dios. Una mañana de este invierno que se me hizo eterno, las frases de la página 40 me quedaron resonando: "Así pues, Dios durará tanto como las razones que lo hacen existir...Sus negadores, también"; "¿Y el ateo? Dudar coexiste con creer. Afirmar e negar, saber e ignorar: un tiempo para la reverencia, otro para rebelarse... " Y ahí me detengo, porque resulta que nos rebelamos contra algo que existe, así sea en nuestra mente. Y me pregunto, entonces, si fue necesaria la esclavitud para que se comience a hablar de libertad; Si jamás nadie hubiera luchado por la igualdad sin la injusticia; Si la expresión no vive sin la represión; Si las ganas de salir de la jaula parten de una jaula, siempre. Pero...