Querida jaula: te abro o no te abro

Hace unos días empecé un libro que ya había arrancado a leer varias veces y siempre lo abandonaba a la mitad. Suelo hacer eso y no solo con los libros. En este caso, es el "Tratado de ateología", de Michel Onfray, que habla -por supuesto- de la NO creencia en Dios.

Una mañana de este invierno que se me hizo eterno, las frases de la página 40 me quedaron resonando:"Así pues, Dios durará tanto como las razones que lo hacen existir...Sus negadores, también"; "¿Y el ateo? Dudar coexiste con creer. Afirmar e negar, saber e ignorar: un tiempo para la reverencia, otro para rebelarse..." Y ahí me detengo, porque resulta que nos rebelamos contra algo que existe, así sea en nuestra mente. Y me pregunto, entonces, si fue necesaria la esclavitud para que se comience a hablar de libertad; Si jamás nadie hubiera luchado por la igualdad sin la injusticia; Si la expresión no vive sin la represión; Si las ganas de salir de la jaula parten de una jaula, siempre. Pero hablemos de otras jaulas más cercanas, mejor. (¿Hablemos? Si hablo sola).

Romper con todo. En varios y diferentes contextos me han llamado, de forma amistosa, "rebelde". Quizá porque usaba pantalones de bambula en el colegio o tal vez porque me he levantado de una mesa familiar enojada en medio de una discusión política o porque soy impuntual. Motivos para tal etiqueta nunca me faltaron. Lo cierto es que el cuestionamiento me puede. Es mi fortaleza y mi debilidad, tanto que a veces me cuestiono mi propia rebeldía o, mejor dicho, la expresión de ella. Pero volviendo a las jaulas y nuestros escapes...Sin dudas, la reflexión sobre los mandatos y la moral ha tocado innumerables aspectos de nuestra vida. Si casamiento sí, si casamiento no. ¿La infidelidad es tener sexo con otra persona o se es infiel cuando hay amor en juego?, ¿el amor es para toda la vida?, ¿las mujeres tienen que ser madres sí o sí?, ¿Susanita? ¿Laburo fijo? Yo quiero viajar y ser un atleta de las 3pm. Los millennials entendieron todo. El género es una construcción, vos elegís. Aborto legal, seguro y gratuito.

Y es que para levantarse, primero hay que caerse. La evolución proviene de la involución. ¿Tanta regla nos saturó y por la prohibición -legal o moral- recién ahora nos estamos preguntando si está bien elegir? ¿Y elegir el mandato está mal? Aquí va el mayor de mis cuestionamientos: ¿De dónde sale nuestra elección? ¿De la prohibición o de la rebeldía? Crecer duele y es tan necesario. Y como decía Cerati, decir adiós es crecer. Entonces, ¿deberíamos revisar cada una de nuestras jaulas (creencias, valores, deseos y formas de ver la vida) para -sí o sí- despedir algunas y renovar contrato con otras? La respuesta es SÍ, pero que sea divertido. Para salir de la zona de confort primero hay que estar incómodo en la comodidad, así que si te acostumbraste a tu jaula, estás jodido.

Ya que hoy es hoy y la coyuntura es noticia, el aborto legal es una cuestión de salud pública. ¿Y lo social? ¿Y la vida? Ese es otro debate. Pero si el aborto es una decisión que millones de mujeres tomaron a lo largo de la historia y ninguna de ellas la pasó bien, cualquiera haya sido su condición y el motor que las llevó a hacerlo, ¿no estaría bien que revisemos estas jaulas? ¿Cuáles jaulas? La falta de educación sexual es una puta jaula de tabúes e ideas de pecado perversas como la culpa al disfrute sexual sin el objetivo de fecundar, por ejemplo. La figura de la mujer como la madre del mundo entero es otra. El poder del hombre sobre la mujer que prevalece, incluso, en un histeriqueo vía Tinder y termina en un "el forro me la baja, te acabo afuera, tranqui", y la idea de quedarte sola esa noche te pone en riesgo. "Y pero vos elegís". Elegimos con jaulas, pero las estamos abriendo.

Se trata de las jaulas que lastiman, que te lastiman, que me lastiman. Porque si querés un amor para toda la vida, es una jaula que -estoy segura- se puede construir. Porque el amor se construye, como las jaulas. Y esto es solo un sermón para mí misma.

Que sea ley.








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