Pandemia: miedos privilegiados
Privilegio. Palabra que uso mucho por estos tiempos. Como si pronunciarla me hiciera más empática con los que no pueden quedarse en su casa, porque no tienen casa, o con quienes no saben cómo pagarán el alquiler cuando se termine el congelamiento, o con los que están solos, o las que cuarentenean con un violento. Ser consciente de que hay personas en una situación más complicada que la mía no es igual que ayudarlas. Entonces, prefiero admitir que, en este caso, uso la palabra privilegio como un aviso a quien lea este post. Levanto la mano antes de que me juzguen: tengo miedos privilegiados en tiempos de COVID-19 o coronavirus, para los amigues. Miedos que no tienen que ver con la muerte o con la crisis económica global (aunque ambas consecuencias me preocupan muchísimo, sobre todo por tener padres grandes y uno con Epoc). Pero no por eso hay que negarlos y meterlos debajo de la alfombra, porque las alfombras tienen sus límites y la tierra siempre termina saliendo por alguna esquina...