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Mostrando entradas de 2017

En ese punto

Mira fijo el fuego encendido en una vela aromática que compró cerca de su casa, mientras piensa que debió haberle sacado el plástico antes de prenderla. Es otra de las cosas que quiere, pero no planea cambiar. No va a apagarla. Deja el plástico y lo ve derretirse, sin inmutarse. Está ahí, entre lo que su mente le dice y el cuerpo le responde. Como si estuvieran enojados uno con el otro. El aroma de la vela se mezcla con el olor a quemado y,   de golpe, siente que esa sensación la representa: desprendiendo una luz que ilumina su entorno más cercano, mientras se quema, mientras se derrite por dentro. Funcional al resto, esperando a que la encendieran y la apagaran de acuerdo a las necesidades. Paciente y melancólica.  En ese punto, en el que se ya se había aprendido la teoría, pero había faltado a la práctica. En el que ya no puede entender si su deseo es propio o ajeno. En ese punto tan circular que cuando cree que es el fin, sólo vuelve a empezar. Entre la cera ...

¿Por qué no?

Nos cansamos de escuchar que lo que realmente importa es disfrutar del camino y no llegar. Que entender que cada piedra con la que nos chocamos, nos deja una herida pero viene en combo con un aprendizaje y un moretón de regalo. Que cada golpe nos hace mejores, más fuertes, más experimentados. Que cada desilusión, nos obliga a hacer un reset y volver a empezar con otro foco. Que cada vez que nos rompen el corazón, entramos en una crisis y aumentamos nuestra capacidad de discernir qué es lo que nos hizo mal y podemos volver a elegir, esta vez, mejor.  Que cada laburo en el que no somos felices, nos sirve para entender el mundo tan cruel en el que vivimos, y nos hace caminar más alertas en un suelo lleno de minas que pueden explotar en cualquier momento. ¿Y si lo que importa del viaje no es el camino, ni el destino, sino el por qué o el para qué? Cuando queremos crecer en el trabajo, o cuando tenemos mil citas con personas diferentes para encontrar el amor, cuando nos bancamos un ma...

Nada que ver con nada, todo que ver con todo

Hacía mucho que no escribía, quizás, porque pensé tanto pero tanto, que preferí escaparme de la realidad en el poco tiempo libre que tenía. En mi caso, sin drogas y muy poco alcohol, mi escape tuvo que ver con virar el ojo hacia las historias ajenas puestas en libros, en Netflix, en la voz de amigos o incluso, en la secuencia de sucesos que les pasan a las princesas de plástico con las que juega mi sobrina de tres años. No voy a mentir, llegar a casa y prender la tele no evitó ningún pensamiento sobre QUÉ CARAJO VOY A HACER DE MI VIDA. Un día, una semana, exploté y volví a llorar después de meses de querer hacerlo sin resultados. Los que me conocen, los que me leyeron, saben que me había convertido en una chica positiva, esperanzada, agradecida y hasta más sana... Bueno, en fin. Nada es para siempre. Cuando estás ahí arriba, te pega el sol en la cara, ves para abajo todo tan claro, tan sencillo. Desde ahí no hay distancias, se acortan, distinguís los colores, podés contemplar esos te...

Yo no estuve

Cuando la valentía era canción, poesía. Cuando desaparecer era consecuencia. Cuando los argentinos éramos derechos, pero no humanos. Cuando la desidia se disfrazaba de orden. Cuando cerrar los ojos era el arma, y el silencio, la bala que mata. Cuando se diluían como azúcar en café, pero el gusto amargo no se iba, no se fue. Cuando los pañuelos blancos danzaron y los corazones de las mujeres gritaron. ¿Cuándo fue que yo no estaba ahí? ¿Vos estabas? ¿Vos hablaste? ¿Vos gritaste NUNCA MÁS? Y acá estamos, porque la memoria no conoce de generaciones, la memoria se caga en el ciclo de la vida. Porque la memoria se reproduce, pero no muere en un cuerpo. La memoria no termina con el punto final de un libro, ni desaparece en las cenizas de un archivo quemado. "La memoria pincha hasta sangrar a los pueblos que la amarran y no la dejan andar libre como el viento" Yo no estuve, pero no olvido.

De los laburos más complicados

Trabajo. Una palabra sufrida, agotadora. Un mandato que abruma, que exige, que implica esfuerzo, dedicación, constancia, acción. "Tenés que trabajar para tener plata", "tenés que trabajar para ser un buen profesional", "tenés que trabajar para ocupar ese cargo que tanto deseás, y después para alcanzar el otro que vas a desear aunque, en el fondo, te aburre de sólo pensarlo", "tenés que trabajar para perder esos kilos que te incomodan por comprarte un jean que no te entra sólo porque era el talle más grande que vendían", "tenés que trabajar para superar ese trauma", "tenés que trabajar para mantener una relación estable", "tenés que trabajar para olvidarte de ese amor que te dejó como una planta después de un día de lluvia, goteando" ¿Vivir es un trabajo? ¿Se pueden tomar vacaciones de la vida? ¿Y si trabajás de lo que te gusta? ¿Y si vivís como querés? ¡Hay que trabajar duro para eso! En vez de pensar en cómo esc...

El poder de la palabra

Hace una semana, leí el texto de Manuela Fernández Mendy sobre el horrible episodio que vivió en Palermo.  "'Vení, putita': un intento de abuso en el pasillo de Juan B. Justo, en primera persona" ,  me conmovió hasta las lágrimas y generó en mí un par de interrogantes de los que aún no encuentro respuesta. ¿Hizo bien en no hacer la denuncia? ¿Qué hubiera hecho yo en una situación similar? De algo estoy segura: hubiese escrito y publicado todo, igual que ella. Con 29 años, tengo el privilegio de haber vivido el nacimiento y la evolución de los medios digitales. No sólo de las visitadas webs de noticias, sino también el crecimiento exponencial de las redes sociales. Una herramienta que, quizá, generaciones anteriores no entienden muy bien. La comunicación era sólo un lujo concedido a los tradicionales diarios y, tiempo después, a quienes aparecían en la caja boba, llamada televisión. "¿Qué está pasando en el mundo?" Está pasando lo que dice el diario, la t...

El hombre, la mujer y la mismísima piedra

Mi papá una vez me dijo "el ser humano es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra". Habría que preguntarle a un biólogo o googlear para saberlo con exactitud. De todas maneras, no es mi tema, yo sólo escribo sobre los obstinados pensamientos que entran en mi cuerpo y caminan de un lugar a otro, como un virus que sólo se va cuando abro este blog. El hombre, la mujer y el tropiezo. En las fiestas, sentí que tuve infinidad de motivos para brindar. El 2016 fue mi gran año. Raro, porque consistió en depurar cada dolor venenoso que había acumulado años anteriores. Mi piel, mis ojos, todo mi cuerpo lo resintió. Al final, el saldo fue positivo. Pero...Siempre hay un pero: enero vino con esa pregunta. Esa que llega rápido y se clava como una flecha directo al corazón. "¿Y AHORA QUÉ?". Claro, ahora que ya entendiste todo, ahora que tenés clarísimo qué es lo que necesitás, empieza la acción, ¿no? O debería. Los 12 días que hay entre año nuevo y mi cum...