De los laburos más complicados

Trabajo. Una palabra sufrida, agotadora. Un mandato que abruma, que exige, que implica esfuerzo, dedicación, constancia, acción. "Tenés que trabajar para tener plata", "tenés que trabajar para ser un buen profesional", "tenés que trabajar para ocupar ese cargo que tanto deseás, y después para alcanzar el otro que vas a desear aunque, en el fondo, te aburre de sólo pensarlo", "tenés que trabajar para perder esos kilos que te incomodan por comprarte un jean que no te entra sólo porque era el talle más grande que vendían", "tenés que trabajar para superar ese trauma", "tenés que trabajar para mantener una relación estable", "tenés que trabajar para olvidarte de ese amor que te dejó como una planta después de un día de lluvia, goteando"

¿Vivir es un trabajo? ¿Se pueden tomar vacaciones de la vida? ¿Y si trabajás de lo que te gusta? ¿Y si vivís como querés? ¡Hay que trabajar duro para eso!

En vez de pensar en cómo escaparte del trabajo o contar las horas para llegar a tu casa y desconectarte con Netflix, probá con trabajar en descubrir quién sos, qué querés y qué te falta para decidirte. De paso, buscate un buen compañero de laburo, de esos que no renuncian a la primera de cambio, de esos que no necesitan de un contrato para amarte cada día mejor. Trabajá amigo, trabajá, amiga. Trabajá para vos, para entenderte, para no esconderte. Fijate como así el sueldo te alcanza.

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