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Mostrando entradas de 2016

Mi 2016 en un rejunte de palabras

¿Tanto lío porque se acerca el 31 de diciembre? ¿Alguien me puede explicar qué cambia del 31 a las 23:59 al 1° de enero a las 00.01? NADA. Pero resulta que unos tipos con mucha labia, decidieron que el calendario solar tenga 12 meses y que en cada diciembre, se agudice nuestra susceptibilidad, le demostremos nuestro amor a todo el mundo y hagamos balances de nuestra vida. Qué hicimos, qué nos falta, qué queremos cambiar, qué queremos...Queremos, queremos, queremos. ¿Que qué vamos a hacer para tener eso que queremos? Ah, no sé. Pero mis mejores deseos para ti, para los tuyos, los míos, los nuestros.  Deseame lo mismo que, por ahí, se cumple.  Mientras esperamos que venga Papá Noel, Moisés, Abraham y los 7 enanitos, les cuento cómo me fue en mi año. (Voy a destacar algunos meses que fueron claves. Otros momentos que no sé en qué mes cayeron. Pero lo que importa es lo de adentro, ¿no?) Enero Empecé el mes en la casa de mi hermana. Con mi mamá, mi tía, mi sobrina,...

El cajón que tengo que abrir

Hay un grano de arena por cada duda que tengo. Una estrella en el cielo por cada miedo que me acompaña. Solía ser la chica triste que no podía distinguir entre un charco de lluvia y el mar, la que cada vez que recibía un beso, sentía que no se lo merecía y esperaba siempre la cachetada. Paranoica, insegura, terca, caprichosa, titubeante. Ansiosa de golpes y martilizada. Con quejas, con veneno por acá y por allá, me jactaba de ser siempre la que luchaba, la que remaba contra la corriente. Ahora -de esos ahora que uno no sabe cuánto van a durar- pareciera que casi nada me atraviesa. Que todo lo bueno que me pasa es porque me lo merezco, y lo que no me pasa, lo que no llegó, aquello que se fue, también lo merezco. Porque lo merezco y me conviene. Como esa frase injusta y cómoda que asegura que "lo que sucede, conviene". Y sí, es injusta. Porque hay desgracias y carencias que no convienen. Y sí, es cómoda. Porque desde que me envolví en ella, la frecuencia de llantos y angust...

¿No era que ya estaba a salvo?

Lo que como o dejo de comer para estar flaca. Qué película decido ver en el cine o sola, desde la cama. Lo que siento cuando camino por la calle y agarro fuerte el celular cuando un hombre me mira fijo. Agarro el celular y encojo los hombros, para protegerme. Emito la señal de "tengo miedo" y acelero el paso. Cuando charlo con mis amigas sobre el insoportable pero siempre presente temor a estar sola. Cuando les digo que la paso bien sola y no necesito a nadie. Cuando me maquillo para sentirme más linda. Cuando busco aprobación. Cuando busco discutir. Cuando me viene el imbécil, injusto, pero tan real pensamiento de "qué fácil ser hombre". Cuando percibo la mirada que me juzga, misericordiosa y piadosa, por un lado, venenosa y resentida, por tener 28 años y no tener un hombre al lado que me lleve y me traiga. Que me pague las cenas, que me coja, que me acompañe a las reuniones familiares, que me prometa un futuro feliz, como si viviera en completa oscuridad. Porque...

Mejor helado

- Hola, ¿cómo va? - ¿Qué hacés? ¿Todo bien? - Sí. ¿Qué hacés acá sentada? ¿Estás bien? - Sí, todo bien. Nada, tenía ganas de respirar un poco de aire. Y como en casa no tengo balcón, salí a caminar un poco y acá estoy. ¿Vos? ¿Volviste al barrio? - Tuve que hacer unas cosas de laburo por acá y ya estaba volviendo a casa. Bueno, te dejo. - Chau, nos vemos. (camina un par de pasos y vuelve) - Che...No tengo nada que hacer, me siento un ratito con vos. - No hace falta eh, estoy bien, posta. - ¿Te jode que me quede? - No, no. Sólo que no quiero que te quedes porque pensás que estoy mal. - Te creo que no estás mal. - Ok. - .... - Y...¿Siempre te sentás sola en un edificio? - Jajajja, a veces. ¿Te parece raro? - Un poco. ¿Estás fumando mucho? - No sé qué es mucho. Un atado de 10, ponele. Si salgo y tomo, ahí fumo más. - ¿Y por qué volviste? - No sé. Ansiedad, supongo. Vos fumás porro, es lo mismo. - Nahh, el porro es más sano. - Bue...Si vos lo decís. Y Nati, ¿cómo van la...

Costumbres

¿Se nace o se aprende y uno se acostumbra? En estos días de recaídas a viejos hábitos, me puse a pensar en todo eso que hago ahora y quiero dejar de hacer. Quiero, pero no puedo. Puedo, pero no quiero. No quiero ni puedo o quiero y, si quiero, puedo. Pero estoy acostumbrada. En algunas charlas de salón, repito una frase como si fuera un mantra en mi vida, como una enseñanza a aquellos que se quejan, yo incluida: "El hombre es un animal de costumbre, se acostumbra a todo. A lo bueno y a lo malo también". No sé dónde la saqué, no tengo idea dónde la leí ni de quién es, pero la tengo muy consciente. Lástima, que está guardada en alguna parte de mi cerebro, pero la otra parte, la de mis malas costumbres, es más grande y poderosa. En mi adolescencia, escuchaba la canción "La casada" de Las Pastillas del Abuelo (banda que me gustaba y me sigue pareciendo buena. Vengan de a uno). La letra habla de un hombre que se enamora de una mujer comprometida y se convierte en su a...

Panza llena, corazón...

Cuando tenemos hambre, cualquier comida nos llena. Pensamos en la manera más eficiente de conseguir algo que nos alimente. Lo más rápido posible, lo más suculento. Pedir delivery siempre es una opción. Pero, antes de eso, vamos a la cocina a ver qué tenemos a mano. Galletitas, una milanesa que sobró de la noche anterior, una pizza con el queso duro y frío. Todo viene bien. Encontrar al alcance algo que nos nutra y que tenga un sabor exquisito resulta poco probable, a menos que hayamos cocinado antes. Para preparar un buen plato elaborado, hay que esforzarse un poco. Pensar cuáles ingredientes comprar, aprender a combinarlos y tener cuidado de no arruinarlos. Después lavar, por supuesto. Un trabajo minucioso, acorde a nuestro paladar. Pero cuando no lo hicimos, cuando tenemos hambre y solo nos queda un pan viejo, no queda otra. ¿Qué pasa si no nos conformamos? ¿Hay que comer el pan viejo, la pizza congelada o la milanesa de ayer? El secreto, tal vez, sea estar bien alimentados y no ...

Latir en tu lío

Apareciste desorganizado Con una estructura de hielo en riesgo permanente Hablaste y te empezaste a derretir Te vi desesperado por volver a sentir Fuiste mío desde que escuché tu voz A mi corazón siempre le gustaron los desafíos Se inhibió con tus delirios Y no dudó al latir en tu lío Nadie entiende que siempre decís la verdad Aunque esté nublada y disfrazada Entre ironías y canciones Entre bromas de colores Yo te miro desde mi habitación Y te hablo aunque no escuches Aunque estés en modo avión Aunque volar no sea tu opción

Histeria para todos

Basta de dobles mensajes. Ya conté en algún posteo anterior que hace un tiempo dejé de tener filtro y las cosas habían mejorado en el mundo paralelo que hay dentro de mí. Pero, al mismo tiempo, agudicé mi mirada hacia el otro y rasgos como la falsedad, el histeriqueo, y la cobardía innecesaria empezaron a fluir a mi alrededor. Siempre estuvieron, nunca los había visto. Histeria o cobardía. No sé si es esta generación, si son las redes sociales, los innumerables canales de comunicación que ayudan a ocultar la cara de boludo que ponés cuando hablás o es nada más que una reacción química tan humana como diabólica. Te pasó, me pasó, me lo contaron: "Me encantó, pero no le voy a hablar hasta que me hable. Y cuando me hable, voy a tardar en contestar" "Salimos, no me gustó, pero le dije que quería volver a verlo. No sé, me dio cosa" "Tuvimos un sexo increíble, no paraba de decirme lo hermosa que era y después... Desapareció". "No para...

Actualizarse

Cuando tenía 15 años empecé a escribir. Detalles de mi día, si hablaba con el chico que me gustaba, si no hablaba, si chapaba, si no chapaba. Escribía sin parar después de 10 horas intensas de escolaridad y con las tardes repartidas entre Rebelde Way y las charlas por teléfono interminables con mis amigas, a quienes acababa de ver en las 10 horas de escolaridad. Escribía en segunda persona, le hablaba a un block de notas de una computadora de escritorio llena de stickers y dibujos que le hacía con esmaltes en el monitor. Un día, me quise hacer la Alejandra Pizarnik y decidí escribir en verso. Era la típica hippie de colegio privado, así que reflexionaba sobre el amor, la pobreza, los amigos, la muerte (?) y hasta escribí sobre un árbol. WTF. Nunca vi esos versos como poemas. Yo decía que eran letras de canciones y soñaba con que algún día alguien les ponga música y gane su primer millón con mis letras. Un objetivo raro, porque no se las mostraba a nadie más que a alguna que otra ...

Reprobé

"Ahora vamos a soltar", dijo Liz, una especie de gurú de la meditación que da cursos e invita a señoras de más de 50 a retiros detox para depurar el organismo y las emociones. En el fin de semana súper largo no tuve mejor plan que ir a ese retiro. Mi amiga Flor me dio la idea, porque su profesora de meditación se lo había recomendado. "¿Por qué mejor no vamos a un spa a que nos pongan pepinos en la cara?", me tiró. "Yo voy igual. Si no querés, no vengas". Y vino. Tres días en la costa, sin sólidos. Jugos de espinaca y jengibre, sopas y té de yuyos extraños eran parte del menú del día. Bueno, de todo el fin de semana. Después de un año de excesos que incluyeron al tabaco, las harinas refinadas y las grasas en su máxima expresión, la idea de una desintoxicación vino a mí con la esperanza de volver con 4 kilos menos, la piel perfecta y con el autoestima cinco centímetros más arriba. El trend topic del grupo era SOLTAR. Con algunas posiciones de yoga par...

Todo lo hice yo

No hiciste nada y me devolviste justo lo que había perdido. El dolor en el pecho, la sensación sostener una piedra pesada que da placer y adrenalina,  y que las imágenes de momentos que nunca pasaron ni pasarán fluyan en mi cuerpo como el oxígeno en la sangre. Alegría y tristeza en una milésima de segundo. Juntas, luchando con la ansiedad que llegó a ocupar ese vacío tan grande. Y me hiciste reír y me conmoviste con tus delirios de vip y la miel que te salía por los poros. Yo solo fui dos oídos que sirvieron como hilo conductor entre tu voz y mi piel de gallina. Dos ojos, que no dejaron caminar en dirección a tu boca. Dos labios, que fueron imprudentes y egoístas, pero que gracias a eso, sirvieron para lograr un par de besos de esos que viajan hasta el estómago y lo llenan de escalofríos. De amor. No hiciste nada. Todo lo hice yo. Pero no me lo imaginé.

Personas y biciletas

Fui ella misma. Le demostró con ojos abiertos y una mirada letal, que se moría por un beso. Su voz le tocaba la piel y la sentía como uñas que se pasean por el estomago. Él fue muy él, demasiado. Ella revolvía para sacarle algo más, pero la charla parecía fluir sin que nadie puediera hacer nada. - Está la gente común y corriente, y la gente retorcida. Dijo ella. - ¿Y por qué no buscás a alguien común? Preguntó él. - Porque los retorcidos me encantan. Por dentro, siempre soñó con que el retorcido cambie por ella, aunque tuviera claro que eso nunca pasaría. Lo fácil y los desafíos. Pensar que las personas son como una bicicleta sin rueditas. Uno se sube con el deseo profundo de tomar el control, con ese miedo tan placentero como doloroso. Poner los pies en los pedales, tomar el manubrio y pensar: "Me vas a sostener. Voy a hacer equilibrio y te voy a obligar a llevarme exactamente a dónde quiera estar. Te agarraré fuerte con las dos manos y voy a rozar los frenos con lo...

28 años, 28 malos hábitos

Aquí, el listado de mis más preciadas costumbres. Si sabés cómo cambiarlas, avisame. Sino, no me rompas las pelotas. Gastar plata de más Fumar Comer hidratos de carbono compulsivamente Stalkear a mi ex y al sinfín de minitas que creo que se garcha Encerrarme en mi casa todo el fin de semana a ver telenovelas: viejas, nuevas y películas de terror de hace 30 años Dejar TODO para último momento Llegar tarde al trabajo Pedir delivery cuatro veces por semana Tomar taxis de día Evitar el banco aunque tenga la tarjeta de débito rota Pedir turnos médicos y jamás ir Dormirme con la computadora en la cama Deprimirme y echarle la culpa a los demás Quejarme de estar gorda sin hacer nada para cambiarlo Llamar a mi vieja sólo cuando necesito algo Pelearme con mi familia por política Anotarme en cursos y dejarlos, sin olvidar el gimnasio Soñar demasiado cuando estoy despierta Comprar fundas de almohadones y no el relleno Faltar a reuniones con amigas sólo porque van con sus mari...

Volví, siempre vuelvo

Encontré mi cuaderno de viaje. Hoy quiero escribir, pero no tengo ganas de pensar en lo que me pasa ahora que, por cierto, no es mucho. Así que voy a transcribir lo que sentía a mis 18. Está bueno volver atrás de vez en cuando y aprender de uno mismo. Quizá, no esté tan lejos de esa chica que dejaba la adolescencia y que pensaba que alejarse por un tiempo, solucionaba lo que siempre estuvo cerca. Porque siempre volvemos. Yo volví hace 10 años. Y volví otra vez. Desde Tel-Aviv -6 de julio de 2006- "Algunas personas tienen facilidad para expresarse oralmente. Siempre encuentran las palabras justas en el momento justo, y el más mínimo sonido que emiten paraliza a quien esté a su lado. Otras personas, como yo, comienzan a hablar y como se dan cuenta que se están expresando mal, nunca terminan de decir lo que realmente piensan o sienten. Se ponen nerviosas y se les lengua la traba. Perdón, se les traba la lengua. Entonces, comienzan a buscar otras formas de comunicarse. Escriben,...