Mi 2016 en un rejunte de palabras
¿Tanto lío porque se acerca el 31 de diciembre? ¿Alguien me puede explicar qué cambia del 31 a las 23:59 al 1° de enero a las 00.01? NADA.
Pero resulta que unos tipos con mucha labia, decidieron que el calendario solar tenga 12 meses y que en cada diciembre, se agudice nuestra susceptibilidad, le demostremos nuestro amor a todo el mundo y hagamos balances de nuestra vida. Qué hicimos, qué nos falta, qué queremos cambiar, qué queremos...Queremos, queremos, queremos. ¿Que qué vamos a hacer para tener eso que queremos? Ah, no sé. Pero mis mejores deseos para ti, para los tuyos, los míos, los nuestros. Deseame lo mismo que, por ahí, se cumple.
Mientras esperamos que venga Papá Noel, Moisés, Abraham y los 7 enanitos, les cuento cómo me fue en mi año.
(Voy a destacar algunos meses que fueron claves. Otros momentos que no sé en qué mes cayeron. Pero lo que importa es lo de adentro, ¿no?)
Enero
Empecé el mes en la casa de mi hermana. Con mi mamá, mi tía, mi sobrina, mi cuñado y su familia. Con un vestido naranja horrendo (cómo me cambian los gustos en tan poco tiempo) y las mismas sandalias que tengo puestas ahora. Esa noche, con toda la energía y la juventud del mundo, decidí beber champagne sola en la casa de mi mamá, mandarle mensajes a media lista de contactos sin ningún tipo de pudor y sentarme en una reposera del balcón a mirar las estrellas, mientras seguía tomando.
Empecé el mes en la casa de mi hermana. Con mi mamá, mi tía, mi sobrina, mi cuñado y su familia. Con un vestido naranja horrendo (cómo me cambian los gustos en tan poco tiempo) y las mismas sandalias que tengo puestas ahora. Esa noche, con toda la energía y la juventud del mundo, decidí beber champagne sola en la casa de mi mamá, mandarle mensajes a media lista de contactos sin ningún tipo de pudor y sentarme en una reposera del balcón a mirar las estrellas, mientras seguía tomando.
Pero, claro está, ese ínfimo primer día no fue lo más importante de enero. Por esos días, estaba comprando algunas cosas para lo que sería mi viaje a Polonia. En el medio, llegó mi cumpleaños, el 12. Celebré con rejunte de amigos en el S.U.M de la casa de mi mamá, con manteles rosas y comida de cumpleaños. GRACIAS MAMI. Fotos, besos, regalitos y a dormir.
A los pocos días, me fui a Chile por trabajo, volví y el gran domingo 31 de enero, partí hacia el viaje que me daría amigos, me sacaría varios prejuicios y me cargaría de reflexiones sobre el mundo, las personas y mi vida, sobre todo mi vida.
Ese verano también probé algunas cosas nuevas, y empecé a abandonar otras. De esas cosas que no tienen forma ni color, pero que molestan.
Marzo
Volví del viaje, con mucha fiebre y un enchufe que me perseguía constantemente, gritándome "volvé a la realidad, Gisela".
Abril, junio, julio, agosto, septiembre
Y volví. Volví con Gilda sonando por todos lados, con periodistas que no dejaron de llamar nunca, ni de escribir mails, ni Whastapps, ni nada. Y canté Gilda, y lloré con Gilda, y me reí con Gilda. Y con ella, mis compañeros de pulpo que estuvieron más que nunca. Algunos que conocí por ese otoño / invierno furioso, y otros que ya conocía, pero que me mostraron que se puede trabajar entre risas.
En el medio de ese mar de responsabilidades, presiones y muchas satisfacciones, intentaba tener vida. Todavía tenía resaca de un pasado que nunca se fue del todo y necesitaba un presente, urgente. Así que llegaron las citas, descubrí -sin darme cuenta- qué era lo que NO quería y qué cosas me gustaban, me hacían bien. Algunas noches, me metía en el ascensor de casa con una sonrisa y un aire ganador. Otras, fastidiosa. Y muy pocas con ganas de bajarme el autoestima. Pero no llegamos a eso.
Mi autoestima había bajado demasiado los años anteriores y ahora, sólo le restaba subir, aunque con los brotes que tenía en la cara, todo era una lucha. Así que, con mi amiga Flor, nos fuimos a un retiro detox en Mar de las Pampas a desintoxicarnos del mundo exterior. No nos dimos cuenta que nos estábamos desintoxicándonos de nosotras mismas. Pueden leer mi experiencia aquí.
Y se estrenó Gilda, y mis amigas y familia reclamaron un poco de atención. Mi sobrina seguía creciendo, el frío se apaciguaba y yo no todavía no era consciente de nada.
Octubre, noviembre, diciembre:
Aquí puse un freno. BASTA DE COMER, GISELA. Se terminó. Me comí el año. Todo. Chocolates, hamburguesas, sushi a más no poder. Tomé toda la cerveza del país junto a mi amiga Vicky y otro tanto, con mis compañeros de pulpo. Así que de quejarme sin resultados, pase a hacer algo. Dejar las tan vapuleadas harinas. Las veo, de a ratos, de vez en cuando, pero dejamos de convivir. ¿Ejercicio? El año que viene hablamos.
Y cuando pasó un poco la ola de no arrepentirse de los amores, ahí caí en que yo tampoco me había arrepentido de ellos. Pero eso no significaba extrañarlos, mucho menos necesitarlos.
Se cayeron las fichas, una empujando la otra. Tan obvio todo. Tan claro. Pero, por supuesto, que siempre los demás son mucho más vivos que uno en relación a nuestra vida. "Qué bien que te veo", "tenés la piel mucho mejor", "qué flaca estás". Y saliendo de lo banal, un poquito... "Siempre de buen humor, amiga", "me hacés reir tanto", "sos lo más".
Y sí loco, ¿por qué la tengo que caretear? Estoy bien. Ni amor, ni dinero y con la misma salud de siempre. Estoy bien porque sí. Porque yo, porque el sol, porque la coca light, porque los amigos que te miman, porque el helado y la gente buena que devuelve celulares. Porque sí.
No muchachos, no tengo idea de nada. Tengo las mismas preguntas de antes, los mismos miedos y la vida lejos de definirse. Si me dejan, sólo puedo tirar una punta: ¿vieron que está de moda soltar? Bueno. Suelten. Pero no hablo de dejar cosas en el pasado. Hablo de soltar absolutamente todo lo que sientan y piensen. Hablen hasta por los codos. Sean más honestos. No se mientan, porque tarde o temprano todo salta. No sé, yo así me siento más liviana. Y en mi cuerpo no entra más el odio, ni el resentimiento, ni el veneno que venía tragando sin anestesia.
Con toda esa buena onda, tuve uno que otro WIN, de esos que me dejaron chocha y algunas caídas financieras que me tienen cautelosa.
No prometo nada, no pido nada más para mí. Sí pediría mil cosas que no tienen que ver conmigo, sino con aquellos que amo. Y de pasadita, podemos pedir el fin del hambre y la paz mundial, ¿no?
Pero bueno, si me secuestran los extraterrestres y me amenazan: "O pedís un deseo egoista o te matamos", sería -sin dudas- enamorarme. El amor es todo y nada de lo que viví, ni de lo que viviré, me hará pensar diferente.
Les deseo aires acondicionados y un hombro para sostenerse después de la borrachera.
¡VIVA INTERNET!
Gise
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