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Mostrando entradas de junio, 2016

Actualizarse

Cuando tenía 15 años empecé a escribir. Detalles de mi día, si hablaba con el chico que me gustaba, si no hablaba, si chapaba, si no chapaba. Escribía sin parar después de 10 horas intensas de escolaridad y con las tardes repartidas entre Rebelde Way y las charlas por teléfono interminables con mis amigas, a quienes acababa de ver en las 10 horas de escolaridad. Escribía en segunda persona, le hablaba a un block de notas de una computadora de escritorio llena de stickers y dibujos que le hacía con esmaltes en el monitor. Un día, me quise hacer la Alejandra Pizarnik y decidí escribir en verso. Era la típica hippie de colegio privado, así que reflexionaba sobre el amor, la pobreza, los amigos, la muerte (?) y hasta escribí sobre un árbol. WTF. Nunca vi esos versos como poemas. Yo decía que eran letras de canciones y soñaba con que algún día alguien les ponga música y gane su primer millón con mis letras. Un objetivo raro, porque no se las mostraba a nadie más que a alguna que otra ...

Reprobé

"Ahora vamos a soltar", dijo Liz, una especie de gurú de la meditación que da cursos e invita a señoras de más de 50 a retiros detox para depurar el organismo y las emociones. En el fin de semana súper largo no tuve mejor plan que ir a ese retiro. Mi amiga Flor me dio la idea, porque su profesora de meditación se lo había recomendado. "¿Por qué mejor no vamos a un spa a que nos pongan pepinos en la cara?", me tiró. "Yo voy igual. Si no querés, no vengas". Y vino. Tres días en la costa, sin sólidos. Jugos de espinaca y jengibre, sopas y té de yuyos extraños eran parte del menú del día. Bueno, de todo el fin de semana. Después de un año de excesos que incluyeron al tabaco, las harinas refinadas y las grasas en su máxima expresión, la idea de una desintoxicación vino a mí con la esperanza de volver con 4 kilos menos, la piel perfecta y con el autoestima cinco centímetros más arriba. El trend topic del grupo era SOLTAR. Con algunas posiciones de yoga par...

Todo lo hice yo

No hiciste nada y me devolviste justo lo que había perdido. El dolor en el pecho, la sensación sostener una piedra pesada que da placer y adrenalina,  y que las imágenes de momentos que nunca pasaron ni pasarán fluyan en mi cuerpo como el oxígeno en la sangre. Alegría y tristeza en una milésima de segundo. Juntas, luchando con la ansiedad que llegó a ocupar ese vacío tan grande. Y me hiciste reír y me conmoviste con tus delirios de vip y la miel que te salía por los poros. Yo solo fui dos oídos que sirvieron como hilo conductor entre tu voz y mi piel de gallina. Dos ojos, que no dejaron caminar en dirección a tu boca. Dos labios, que fueron imprudentes y egoístas, pero que gracias a eso, sirvieron para lograr un par de besos de esos que viajan hasta el estómago y lo llenan de escalofríos. De amor. No hiciste nada. Todo lo hice yo. Pero no me lo imaginé.

Personas y biciletas

Fui ella misma. Le demostró con ojos abiertos y una mirada letal, que se moría por un beso. Su voz le tocaba la piel y la sentía como uñas que se pasean por el estomago. Él fue muy él, demasiado. Ella revolvía para sacarle algo más, pero la charla parecía fluir sin que nadie puediera hacer nada. - Está la gente común y corriente, y la gente retorcida. Dijo ella. - ¿Y por qué no buscás a alguien común? Preguntó él. - Porque los retorcidos me encantan. Por dentro, siempre soñó con que el retorcido cambie por ella, aunque tuviera claro que eso nunca pasaría. Lo fácil y los desafíos. Pensar que las personas son como una bicicleta sin rueditas. Uno se sube con el deseo profundo de tomar el control, con ese miedo tan placentero como doloroso. Poner los pies en los pedales, tomar el manubrio y pensar: "Me vas a sostener. Voy a hacer equilibrio y te voy a obligar a llevarme exactamente a dónde quiera estar. Te agarraré fuerte con las dos manos y voy a rozar los frenos con lo...