Todo lo hice yo

No hiciste nada y me devolviste justo lo que había perdido. El dolor en el pecho, la sensación sostener una piedra pesada que da placer y adrenalina,  y que las imágenes de momentos que nunca pasaron ni pasarán fluyan en mi cuerpo como el oxígeno en la sangre. Alegría y tristeza en una milésima de segundo. Juntas, luchando con la ansiedad que llegó a ocupar ese vacío tan grande. Y me hiciste reír y me conmoviste con tus delirios de vip y la miel que te salía por los poros. Yo solo fui dos oídos que sirvieron como hilo conductor entre tu voz y mi piel de gallina. Dos ojos, que no dejaron caminar en dirección a tu boca. Dos labios, que fueron imprudentes y egoístas, pero que gracias a eso, sirvieron para lograr un par de besos de esos que viajan hasta el estómago y lo llenan de escalofríos. De amor. No hiciste nada. Todo lo hice yo. Pero no me lo imaginé.

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