Y todo vuelve a empezar
Hojas en blanco, lápices de colores y la vida entera por vivir. Aún así, con el elixir en la mesita de luz y un amor propio que no para crecer, tengo la pésima costumbre de caminar por las piedras descalza y sin un rumbo fijo. El rumbo es el para qué y el mío está un poco manchado y me lleva a lugares cómodos y conocidos, lleno de excusas y corazones rotos.
Como siempre dice mi sentido común, "si hay sombra de un lado, es porque del otro hay mucha luz". Y la luz es consciencia y mi consciencia está tan activa, que me tira alertas y notificaciones para que cambie el chip cuando intento autoboicotearme. Y todo vuelve a empezar y siempre hay otra oportunidad de hacer algo bien, algo distinto, de decir lo que siento, de abrazar a quien quiero, de jugar como antes, de poner cada cosa en su lugar.
¿Hay un lugar para cada cosa? Es gracioso, pero durante mucho tiempo me peleé fuerte con esa idea. Para mí nada tenía un lugar o regla establecida, ni los objetos, ni las ideas, ni el amor. Pero resulta que me animé a hacer algo que me daba mucho miedo (sí, conocerme me daba miedo y todavía estoy en eso), y entendí que adentro mío las cosas se hacen en la medida en que me gusten y me hagan feliz. Así de simple. ¿Duro? Un poco. Pero si la cosa se trata de estar bien y estar bien es responsabilidad de uno mismo, digo, responsabilidad mía, ¿no deberíamos ser rigurosos a la hora de elegir en qué lugar poner todo lo que nos rodea? ¿Más concreto? El trabajo es trabajo y el sustento de todos los días. Si tu pasión coincide con tu trabajo, buenísimo, pero aprendé a diferenciarlos y entendé que -en tu corazón-ocupan espacios diferentes. Porque los trabajos cambian, pero si la pasión es fuerte, se va a quedar adentro tuyo y vas a aprender a manifestarla a través de diferentes canales. ¿Más ejemplos? El amor es todo, ¿no? Bueno, para mí sí. Pero el problema es que no le estoy dando el lugar que merece y la excusa perfecta es mi maldita costumbre, la de enamorarme de imposibles. Lo bueno es que mi hábito se actualiza y tiene alertas -como mi consciencia- y un antivirus que me protege y sólo me deja la parte divertida. Claro, cuando se vence, empieza a doler o a lastimar el ego. Porque sufrir es otra cosa. Porque cada día que pasa tengo una mejor versión de mi misma, como los celulares nuevos, con la diferencia de que nadie me maneja ni necesito una conexión wifi para funcionar.
Entonces cada cosa en su lugar, porque inflar a quien no lo merece y achicar lo que necesitás es una idea fatal. Pero calma, porque se puede reiniciar y todavía hay hojas en blanco por llenar. Claro que no tenemos idea cuántas y quizá esta es la última. Si es así, voy a desenojarme con cierta persona en este mismo momento.
Ya le mandé un "te quiero" a mi persona y esa es mi hoja de hoy. Tengo otras cosas que decir, pero me las guardo para otras hojas, confiada en que seguiré con mi cuaderno en su lugar y que mañana todo volverá a empezar.
Como siempre dice mi sentido común, "si hay sombra de un lado, es porque del otro hay mucha luz". Y la luz es consciencia y mi consciencia está tan activa, que me tira alertas y notificaciones para que cambie el chip cuando intento autoboicotearme. Y todo vuelve a empezar y siempre hay otra oportunidad de hacer algo bien, algo distinto, de decir lo que siento, de abrazar a quien quiero, de jugar como antes, de poner cada cosa en su lugar.
¿Hay un lugar para cada cosa? Es gracioso, pero durante mucho tiempo me peleé fuerte con esa idea. Para mí nada tenía un lugar o regla establecida, ni los objetos, ni las ideas, ni el amor. Pero resulta que me animé a hacer algo que me daba mucho miedo (sí, conocerme me daba miedo y todavía estoy en eso), y entendí que adentro mío las cosas se hacen en la medida en que me gusten y me hagan feliz. Así de simple. ¿Duro? Un poco. Pero si la cosa se trata de estar bien y estar bien es responsabilidad de uno mismo, digo, responsabilidad mía, ¿no deberíamos ser rigurosos a la hora de elegir en qué lugar poner todo lo que nos rodea? ¿Más concreto? El trabajo es trabajo y el sustento de todos los días. Si tu pasión coincide con tu trabajo, buenísimo, pero aprendé a diferenciarlos y entendé que -en tu corazón-ocupan espacios diferentes. Porque los trabajos cambian, pero si la pasión es fuerte, se va a quedar adentro tuyo y vas a aprender a manifestarla a través de diferentes canales. ¿Más ejemplos? El amor es todo, ¿no? Bueno, para mí sí. Pero el problema es que no le estoy dando el lugar que merece y la excusa perfecta es mi maldita costumbre, la de enamorarme de imposibles. Lo bueno es que mi hábito se actualiza y tiene alertas -como mi consciencia- y un antivirus que me protege y sólo me deja la parte divertida. Claro, cuando se vence, empieza a doler o a lastimar el ego. Porque sufrir es otra cosa. Porque cada día que pasa tengo una mejor versión de mi misma, como los celulares nuevos, con la diferencia de que nadie me maneja ni necesito una conexión wifi para funcionar.
Entonces cada cosa en su lugar, porque inflar a quien no lo merece y achicar lo que necesitás es una idea fatal. Pero calma, porque se puede reiniciar y todavía hay hojas en blanco por llenar. Claro que no tenemos idea cuántas y quizá esta es la última. Si es así, voy a desenojarme con cierta persona en este mismo momento.
Ya le mandé un "te quiero" a mi persona y esa es mi hoja de hoy. Tengo otras cosas que decir, pero me las guardo para otras hojas, confiada en que seguiré con mi cuaderno en su lugar y que mañana todo volverá a empezar.
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