Eklegein
Si damos por obvias las reglas básicas de convivencia, como el "no matarás", "no robarás"...Y no mucho más, podemos entrar a discutir los temas que, en realidad, nos atormentan como seres humanos. Para no irme por las ramas, elegí centrarme en las preguntas y la búsqueda de respuestas que nos planteamos antes de los 30.
Sí, aún no tengo treinta y los números redondos en la edad no son tan aliados como deberían. "Salud, dinero y amor" deseamos para los demás, pero sobre todo para nosotros mismos. Bueno, no tanto la salud en este caso, no la tenemos muy en cuenta. ¡Somos jóvenes y hermosos! Lo único que necesitamos es un buen sexo, un compañero (sin más adjetivos), éxito social y...¿Un apasionante y divertido trabajo?
Vamos al punto. Soy una mujer de 26 años, periodista, con deseos condicionados por la educación que tuve y aún, sigo teniendo. El país en el que vivo, las películas y series que miro, los libros o notas que leo y, sobre todo, las personas que me rodean: quiero trabajar solo de lo que me gusta, bajar cinco kilos, casarme de beige y tener dos hijos. Sin jerarquías, sin prioridades. Quiero todo.
Me canso de leer en notas sobre escritores, plásticos o músicos, cómo en sus textos los llaman "artistas eclécticos" porque prueban varios estilos, y se pasean de uno a otro. Combinar, mezclar, revolver y confundir. Creo que así somos todos. Las mujeres de veintitantos, por ejemplo, no somos todas iguales: algunas esperan que baje el sol para pagar una entrada a mitad de precio, meterse en un cubículo con música de moda a todo lo que da, gastar un 20 % del sueldo en un trago de colores con gusto a desinfectante y chapar con un chico bronceado de camisa desabrochada que tomó otro trago, de otro color, y otro olor. Otras mantienen los ojos bien abiertos para no perderse al amor de su vida, y buscan, jugando a esperar, alertas, con la cabeza llena de fantasías y quizá, bajo el autoestima, un hombre que las saque del letargo, de la tediosa tarea de decidir qué hacer de su vida. Algunas, controlan su pose de chica anti y se llenan la boca con peyorativos hacia las llamadas minitas pero a la hora de la histeria, se llevan el primer premio. Hay equilibradas, claro. En todas ellas, hay momentos en los que se llega a desechar el extremo. Todas somos un poco así, un poco asá, depende el momento.
Pero, ¿por qué hablar solo de mujeres? No quiero caer en el monólogo feminista, no me lo puedo permitir. ¿No es que los hombres también tienen presiones de pre 30? El trabajo, la profesión, el éxito, las minitas, la mujer, la madre de sus hijos, la amante, la independencia...El que se quiere casar, el que prioriza su libertad y tiene la básica creencia en que el amor se la quita. El estudiante que corre a recibirse, el que busca superación, el que busca un trabajo digno y se conforma. Hombres y mujeres, todos somos lo mismo. Corremos hacia la meta, corremos hacia nuevos objetivos, o corremos en contra de lo que realmente queremos por simple comodidad.
"Si pierdes tu propósito, pierdes el camino", decía Nietzsche. Con encontrarlo antes de los 30, no me conformo, pero sonrío y camino.
Sí, aún no tengo treinta y los números redondos en la edad no son tan aliados como deberían. "Salud, dinero y amor" deseamos para los demás, pero sobre todo para nosotros mismos. Bueno, no tanto la salud en este caso, no la tenemos muy en cuenta. ¡Somos jóvenes y hermosos! Lo único que necesitamos es un buen sexo, un compañero (sin más adjetivos), éxito social y...¿Un apasionante y divertido trabajo?
Vamos al punto. Soy una mujer de 26 años, periodista, con deseos condicionados por la educación que tuve y aún, sigo teniendo. El país en el que vivo, las películas y series que miro, los libros o notas que leo y, sobre todo, las personas que me rodean: quiero trabajar solo de lo que me gusta, bajar cinco kilos, casarme de beige y tener dos hijos. Sin jerarquías, sin prioridades. Quiero todo.
Me canso de leer en notas sobre escritores, plásticos o músicos, cómo en sus textos los llaman "artistas eclécticos" porque prueban varios estilos, y se pasean de uno a otro. Combinar, mezclar, revolver y confundir. Creo que así somos todos. Las mujeres de veintitantos, por ejemplo, no somos todas iguales: algunas esperan que baje el sol para pagar una entrada a mitad de precio, meterse en un cubículo con música de moda a todo lo que da, gastar un 20 % del sueldo en un trago de colores con gusto a desinfectante y chapar con un chico bronceado de camisa desabrochada que tomó otro trago, de otro color, y otro olor. Otras mantienen los ojos bien abiertos para no perderse al amor de su vida, y buscan, jugando a esperar, alertas, con la cabeza llena de fantasías y quizá, bajo el autoestima, un hombre que las saque del letargo, de la tediosa tarea de decidir qué hacer de su vida. Algunas, controlan su pose de chica anti y se llenan la boca con peyorativos hacia las llamadas minitas pero a la hora de la histeria, se llevan el primer premio. Hay equilibradas, claro. En todas ellas, hay momentos en los que se llega a desechar el extremo. Todas somos un poco así, un poco asá, depende el momento.
Pero, ¿por qué hablar solo de mujeres? No quiero caer en el monólogo feminista, no me lo puedo permitir. ¿No es que los hombres también tienen presiones de pre 30? El trabajo, la profesión, el éxito, las minitas, la mujer, la madre de sus hijos, la amante, la independencia...El que se quiere casar, el que prioriza su libertad y tiene la básica creencia en que el amor se la quita. El estudiante que corre a recibirse, el que busca superación, el que busca un trabajo digno y se conforma. Hombres y mujeres, todos somos lo mismo. Corremos hacia la meta, corremos hacia nuevos objetivos, o corremos en contra de lo que realmente queremos por simple comodidad.
"Si pierdes tu propósito, pierdes el camino", decía Nietzsche. Con encontrarlo antes de los 30, no me conformo, pero sonrío y camino.
genial
ResponderEliminarSublime y genial !!!
ResponderEliminar