Problemas del primer mundo: soy especial
Desde hace un tiempo, algunas personas me dicen que soy especial. De un buen modo, claro. Que soy buena amiga, que sé escuchar, que soy muy sensata, reflexiva, coherente -en general- y adorable, por supuesto.
Hace unos días, una amiga con quien formé una relación muy cálida, pese a conocerla hace pocos años, me dijo que pasar tiempo conmigo la relajaba. "¿Por qué?", pregunta obvia. "Porque siento que superás las cosas y seguís adelante" ¿Yo?
Justo lo contrario a lo que me decía mi ex novio, que me comparaba con Mal Cobb de Inception, porque cuando me plantaba una idea, no podía salir de ella, aunque hubiesen pasado años. Que me quedo en el pasado, que es difícil convencerme de que algo no es como yo pienso. Y así...Por algo es mi ex.
Y claro, nadie me conoce tanto como yo misma. Y creo que soy así: intento mostrarme superada, aunque por dentro no lo estoy. Amo ser una víctima. Estoy cómoda en ese lugar, aunque lucho para no estarlo. Me impuse una carrera difícil de mantener, un novio fuera de lo común y una relación complicada, como castigo por mi interna comodidad de ser siempre una víctima.
Las víctimas lloran, se quejan y no hacen nada para cambiar su condición. Una parte de mí es así. No sé de dónde sale, no voy a hablar de mi educación y usar el cliché de echarle la culpa a mis viejos, pero sé que en mí conviven estas dos mujeres: la víctima y la que se complica la vida para demostrar que le encantan los desafíos.
Y aquí viene el problema: una cosa es buscarse desafíos y otra es que la vida te los presente. TENGO ROSÁCEA. ¿Qué? Rosácea.
No me voy a detener mucho en explicar qué es, (puede googlear) pero lo resumo en una enfermedad de la piel que afecta el rostro. No solo me pone colorada sino que me broto las mejillas, la frente, y ahora, descubrí que también los ojos. Duele, un poco. Arde, un poco. Molesta, mucho.
Siempre me jacté de tener buena piel. En la secundaria nunca fui la más linda, ni la más flaca -de hecho, era rellenita- pero siempre tuve la piel de porcelana. Mientras mis amigas se quejaban del acné típico, a mí me salía un granito muy de vez en cuando.
La verdad es que tengo rosácea desde los 15 años, creo. Me lo diagnosticaron una tarde que fui con mi mamá al médico porque me ardía la cara y estaba un poco rosita. Una boludes. Jamás me preocupé y de hecho, no recuerdo haber estado colorada después, salvo cuando hacía mucho frío.
Diez años después, en octubre de 2013, empezaron a salirme unos granitos raros en la cara. Fui a una dermatóloga y me dijo, obvio, que era rosácea. Me dio una crema y antibióticos por 40 días. Una locura. Los compré y no los tomé (salían carísimos). Siempre me generó rechazo el tema de tomar pastillas. Por otro lado, la crema me hizo muy bien. En un par de días o semanas, no recuerdo, ya tenía la cara colorada, pero libre de pústulas y pápulas (los granitos especiales de la rosácea).
La doctora me había dicho que no podía tomar sol nunca más y tenía que usar protector /bloqueador 50 todos los días del año. Llueva, haga calor, esté nublado o con sol. Siempre. Me causó gracia porque le dije "en dos meses me voy a Playa del Carmen". En fin. Me puse un poco de protector pero la verdad es que no me cuidé demasiado. Típico mío.
Con la crema y un poco de maquillaje, sobreviví sin mucho problema hasta hace dos meses. Hace dos meses y un poquito más, corté con mi novio. Hablo de mi relación como un hilo conductor aunque, en este caso, desató una explosión emocional en mí que colaboró en un brote de rosácea como nunca antes había tenido.
Hace dos meses que estoy brotada con altas y bajas. Investigué mucho, leí bastante, probé cremas, aceites naturales. Intento cambiar mi alimentación que me resulta más que difícil y lo más importante: bajar el estrés. Un lugar común, el estrés como respuesta a todo y "bajar el estrés" como algo simple.
Tengo un trabajo estresante, pero interesante a la vez. Tenía una relación estresante, que ya dejé, aunque amo a mi ex y aún separados, sigue siendo un buen amigo que me habla de un futuro juntos, pese a nuestras diferencias. Decisión que no tomaremos ahora y no me voy a detener en esto mucho más.
¿El estrés es que te importe mucho todo? Y ahí vuelvo a mi amiga, que me hizo sentir la más fuerte de todas, la que supera cualquier obstáculo emocional que aparezca. Lo cierto es que hoy lloré y mucho. Y eso que desde que me broté solo lloré dos veces. Trato de no hacerlo, porque cuando empiezo, las ideas negativas fluyen en mí y salen hacia afuera al igual que las lágrimas.
¿Hay cosas peores? Sí. ¿Hay personas que mueren, que les falta una parte del cuerpo o que viven en la calle? Sí. PERO A MÍ ME PREOCUPA MI CARA.
Y la víctima vuelve con más fuerza para demostrarme que ella puede más mi guerrera y yo la dejo entrar. Ojalá solo por hoy.
Si logro echarla, quizá solo así sea de verdad especial. Digo, no quiero ser especial por tener la cara toda brotada. Si voy a ser especial que sea por sonreír después de un mal momento. Otro lugar común y van...
Y eso que todavía no llegué a los 30.
Te quiero mucho Gisela !!!
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