Clavate un visto
Ahora que todos sabemos de astrología, coaching, yoga, filosofía, poesía y diversas temáticas que florecen en las redes, creo tener la licencia social para decir abiertamente que hace un par de años me hice la carta natal. Soy capricornio, tengo el ascendente en capricornio y la luna en libra, y gracias a algunas lecturas de mi astróloga y un google search profundo que no termina nunca, me atrevo a explicar en este texto que el signo en donde estuvo la luna en el día y hora en que nacimos, tiene que ver con la forma de vincularnos y la idea que tenemos sobre el amor. También hay algo de la madre pero esto, por ahora, lo dejo de lado. Porque no soy astróloga y es mi blog, tomo lo que me conviene.
Resulta que Libra es un signo conciliador, volado. Le gusta fantasear y es romántico. Cuando supe esto, entendí un poco todo. Pero más allá de la idea que tengo sobre el amor, las telenovelas, el príncipe azul y todos los problemas que me trajo hasta el momento, hay algo más que ubico en mi luna en Libra. Esto de ser conciliadora. Digamos ¿una tibia? No. Porque me la re juego cuando pienso algo. No es eso. Es una necesidad absurda de ser amada por todo el mundo.
Me veo en la infancia, sorprendida, angustiada, desconcertada, porque le caía mal a la amiga de una amiga. ¿Qué hice? ¿Qué dije? Si no dije nada. Si no hice nada malo.
Me veo a hace unos años, sorprendida, angustiada, desconcertada, porque una compañera de trabajo (hoy amiga), me odiaba sin motivo.
Me veo ayer esforzándome para ser exactamente eso que el otro necesita. Me veo actuando, especulando, pensando cada palabra, cada gesto.
Me veo repasando a qué persona querida esta semana no le pregunté cómo estaba. Qué amiga tenía algo importante, así le escribo a ver cómo le fue. Qué mensaje me quedó sin contestar. No quiero que nadie se ofenda.
Me veo preocupada, ansiosa. El celular, los clientes, mis jefes, mis compañeros, compañeras. No puedo pensar en que alguien sienta que le fallo. Y si le estoy fallando, tengo mis motivos, mis excusas. Las busco, las diseño.
Me veo luchando contra la vibración de mi cuerpo cuando alguien me dice que NO TENGO RAZÓN y me muestro humilde. Actúo. Me contengo. A veces, me contengo. Y es que en el fondo sé que no tengo razón siempre. Pero tener razón me hace más amada. Y aceptar que a veces no la tengo, también. El objetivo es que me quieran. Siempre. Ahí me sale la capricorniana que tiene un objetivo y llega de cualquier manera a cumplirlo.
Mi psicóloga me mataría si supiera que estoy basando mis razonamientos en el cielo de la mañana en que nací. Los razonamientos, astrológicos o no, me bailan en la cabeza varias veces al día al ritmo de cualquier música que haga bailar, también, a los demás.
Quizá estoy exagerando. Me permito pensar que no es tan así. Si estoy cansada, es difícil que salga de la cama solo porque alguien me quiere ver. En general, no dejo de hacer lo que quiero para conformar al resto. Es otra cosa. Es adaptabilidad.
Me veo con lágrimas en los ojos por sentir que no le gusto a un chico que ni siquiera me gusta. Porque al que me gusta, siempre le gusto. Es mi lema. Qué soberbia (este es tema para otro post).
Me veo de vacaciones con compañía sin roces por decidir a dónde ir a comer, sin discusiones sobre qué lugares visitar. Para mí todo siempre está bien. Si para vos comer tal cosa es un problema, comamos otra. No hay rollo. No voy a discutir. Seamos felices que para eso vinimos.
Me veo de vacaciones sola y decidiendo. Me veo eligiendo, me veo con el poder y la libertad de hacer exactamente aquello que se me cruce por la cabeza.
Me veo cambiando. Con culpa, siempre. Pero aliviada. Claro que mi luna en Libra sigue brillando y las canciones tienen que ser de amor o no son canciones. No tengo que gustarle a todo el mundo. No le gusto a todo el mundo, es un hecho. Es más, ya no sé si le gusto a alguien. Porque tampoco me expongo a saberlo. (Basta).
Pero aceptemos que la licencia social que mencionaba antes, también nos permite -y hablo de las mujeres- dejar a un costado a la sumisa que sonríe, calladita y siempre feliz. Complaciendo. Ya no somos eso, aunque algunos todavía terminen de comer y no muevan el culo de la silla porque estamos nosotras para levantar de la mesa.
Y me pregunto si será la luna o mi condición de mujer. No sé, aún creo que no todas somos así. O quizá es que me esfuerzo porque siempre fui la conflictiva. La traviesa, la preguntona. La que opina porque el aire es gratis. Me volví molesta y eso me hierve la sangre. Tal vez me creí que discutiendo, sería más amada. Ya escribí sobre esto.
La tecnología nos volvió disponibles porque el celular tiene batería las 24 horas. Me acuerdo cuando saqué la última hora de conexión, me escribieron cinco personas. Cinco personas para preguntarme por qué la había sacado. Ese día entendí que había tomado una buena decisión. Aún así, mantengo el tilde azul y tengo un autocontrol enrome para no abrir el mensaje cuando sé que no lo voy a contestar. ¿Dejarle el visto a alguien? El horror. La culpa. Me va a odiar. Voy a caerle mal. Qué va a pensar. Me va a dejar de querer.
Los likes en redes: tema ya discutido en varios ámbitos.Ya es sabido que los likes generan ansiedad, angustia y euforia al mismo tiempo. Por eso, desactivé hace unos días las notificaciones que me avisan cuando alguien le pone "me gusta" a una publicación mía. Me iluminé. Porque estoy cambiando. O eso intento.
Bancarse no gustarle a todo el mundo. Que no te importe, no existe. Enterate, enojate, aceptalo y resignate. Siempre te va a hacer crack el corazón cuando alguien te diga que no le gusta lo que hacés, cuando alguien no te de la razón o cuando esa persona te bese en la mejilla y no en la boca. Es así. Y es bancarsela. Pero es mucho más fácil surfear la ola cuando sos vos mismo. Sin acting, sin tanta culpa, manteniendo la empatía, claro.
La mirada del otro, es del otro. Su opinión, su educación, su contexto, la construcción que hizo sobre vos y su vínculo. La fibra que le tocás. Su interpretación, su impaciencia, su propia urgencia, su tranquilidad, su comodidad que cuando aparecés, se termina. Y sacarle la comodidad a alguien...Qué jodido. Desestabilizar. Eso, en el mejor de los casos. Cuando te rechazan, causás un efecto.
Pero también hay que bancarse que te ignoren. Que no representes nada. Que no te escuchen. ¿Que no gustás? No, no es eso, ni siquiera existís. Uf, duele, ¿no? Porque no solo queremos gustar, queremos ser importantes, queremos ser alguien. ¿No somos alguien ya? Queremos ser alguien importante. Relevante.
Me canso. Me veo agotada.
Un día exploté de tantas voces que me exigían atención. Ese día fue la semana pasada. Después de meses sin derramar una lágrima, lloré en el subte, en la almohada, en las sábanas.
A la mañana siguiente, me dije algo así como: "Hacete un favor y clavate un visto de vez en cuando. Bancate no gustar"
Y que la luna en Libra siga iluminando.
Resulta que Libra es un signo conciliador, volado. Le gusta fantasear y es romántico. Cuando supe esto, entendí un poco todo. Pero más allá de la idea que tengo sobre el amor, las telenovelas, el príncipe azul y todos los problemas que me trajo hasta el momento, hay algo más que ubico en mi luna en Libra. Esto de ser conciliadora. Digamos ¿una tibia? No. Porque me la re juego cuando pienso algo. No es eso. Es una necesidad absurda de ser amada por todo el mundo.
Me veo en la infancia, sorprendida, angustiada, desconcertada, porque le caía mal a la amiga de una amiga. ¿Qué hice? ¿Qué dije? Si no dije nada. Si no hice nada malo.
Me veo a hace unos años, sorprendida, angustiada, desconcertada, porque una compañera de trabajo (hoy amiga), me odiaba sin motivo.
Me veo ayer esforzándome para ser exactamente eso que el otro necesita. Me veo actuando, especulando, pensando cada palabra, cada gesto.
Me veo repasando a qué persona querida esta semana no le pregunté cómo estaba. Qué amiga tenía algo importante, así le escribo a ver cómo le fue. Qué mensaje me quedó sin contestar. No quiero que nadie se ofenda.
Me veo preocupada, ansiosa. El celular, los clientes, mis jefes, mis compañeros, compañeras. No puedo pensar en que alguien sienta que le fallo. Y si le estoy fallando, tengo mis motivos, mis excusas. Las busco, las diseño.
Me veo luchando contra la vibración de mi cuerpo cuando alguien me dice que NO TENGO RAZÓN y me muestro humilde. Actúo. Me contengo. A veces, me contengo. Y es que en el fondo sé que no tengo razón siempre. Pero tener razón me hace más amada. Y aceptar que a veces no la tengo, también. El objetivo es que me quieran. Siempre. Ahí me sale la capricorniana que tiene un objetivo y llega de cualquier manera a cumplirlo.
Mi psicóloga me mataría si supiera que estoy basando mis razonamientos en el cielo de la mañana en que nací. Los razonamientos, astrológicos o no, me bailan en la cabeza varias veces al día al ritmo de cualquier música que haga bailar, también, a los demás.
Quizá estoy exagerando. Me permito pensar que no es tan así. Si estoy cansada, es difícil que salga de la cama solo porque alguien me quiere ver. En general, no dejo de hacer lo que quiero para conformar al resto. Es otra cosa. Es adaptabilidad.
Me veo con lágrimas en los ojos por sentir que no le gusto a un chico que ni siquiera me gusta. Porque al que me gusta, siempre le gusto. Es mi lema. Qué soberbia (este es tema para otro post).
Me veo de vacaciones con compañía sin roces por decidir a dónde ir a comer, sin discusiones sobre qué lugares visitar. Para mí todo siempre está bien. Si para vos comer tal cosa es un problema, comamos otra. No hay rollo. No voy a discutir. Seamos felices que para eso vinimos.
Me veo de vacaciones sola y decidiendo. Me veo eligiendo, me veo con el poder y la libertad de hacer exactamente aquello que se me cruce por la cabeza.
Me veo cambiando. Con culpa, siempre. Pero aliviada. Claro que mi luna en Libra sigue brillando y las canciones tienen que ser de amor o no son canciones. No tengo que gustarle a todo el mundo. No le gusto a todo el mundo, es un hecho. Es más, ya no sé si le gusto a alguien. Porque tampoco me expongo a saberlo. (Basta).
Pero aceptemos que la licencia social que mencionaba antes, también nos permite -y hablo de las mujeres- dejar a un costado a la sumisa que sonríe, calladita y siempre feliz. Complaciendo. Ya no somos eso, aunque algunos todavía terminen de comer y no muevan el culo de la silla porque estamos nosotras para levantar de la mesa.
Y me pregunto si será la luna o mi condición de mujer. No sé, aún creo que no todas somos así. O quizá es que me esfuerzo porque siempre fui la conflictiva. La traviesa, la preguntona. La que opina porque el aire es gratis. Me volví molesta y eso me hierve la sangre. Tal vez me creí que discutiendo, sería más amada. Ya escribí sobre esto.
La tecnología nos volvió disponibles porque el celular tiene batería las 24 horas. Me acuerdo cuando saqué la última hora de conexión, me escribieron cinco personas. Cinco personas para preguntarme por qué la había sacado. Ese día entendí que había tomado una buena decisión. Aún así, mantengo el tilde azul y tengo un autocontrol enrome para no abrir el mensaje cuando sé que no lo voy a contestar. ¿Dejarle el visto a alguien? El horror. La culpa. Me va a odiar. Voy a caerle mal. Qué va a pensar. Me va a dejar de querer.
Los likes en redes: tema ya discutido en varios ámbitos.Ya es sabido que los likes generan ansiedad, angustia y euforia al mismo tiempo. Por eso, desactivé hace unos días las notificaciones que me avisan cuando alguien le pone "me gusta" a una publicación mía. Me iluminé. Porque estoy cambiando. O eso intento.
Bancarse no gustarle a todo el mundo. Que no te importe, no existe. Enterate, enojate, aceptalo y resignate. Siempre te va a hacer crack el corazón cuando alguien te diga que no le gusta lo que hacés, cuando alguien no te de la razón o cuando esa persona te bese en la mejilla y no en la boca. Es así. Y es bancarsela. Pero es mucho más fácil surfear la ola cuando sos vos mismo. Sin acting, sin tanta culpa, manteniendo la empatía, claro.
La mirada del otro, es del otro. Su opinión, su educación, su contexto, la construcción que hizo sobre vos y su vínculo. La fibra que le tocás. Su interpretación, su impaciencia, su propia urgencia, su tranquilidad, su comodidad que cuando aparecés, se termina. Y sacarle la comodidad a alguien...Qué jodido. Desestabilizar. Eso, en el mejor de los casos. Cuando te rechazan, causás un efecto.
Pero también hay que bancarse que te ignoren. Que no representes nada. Que no te escuchen. ¿Que no gustás? No, no es eso, ni siquiera existís. Uf, duele, ¿no? Porque no solo queremos gustar, queremos ser importantes, queremos ser alguien. ¿No somos alguien ya? Queremos ser alguien importante. Relevante.
Me canso. Me veo agotada.
Un día exploté de tantas voces que me exigían atención. Ese día fue la semana pasada. Después de meses sin derramar una lágrima, lloré en el subte, en la almohada, en las sábanas.
A la mañana siguiente, me dije algo así como: "Hacete un favor y clavate un visto de vez en cuando. Bancate no gustar"
Y que la luna en Libra siga iluminando.

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