Mi dedo meñique

Cuando mi hermana (mayor) cumplió 5 años, mis abuelos le regalaron un órgano Casio, medio de juguete, medio de verdad. Desde que tengo uso de razón hasta hoy, que lo tengo en casa, sigo jugando a tocar el feliz cumpleaños y alguna que otra canción que aprendí en internet. 

Mientras escribo esto, me voy dando cuenta que muchas, muchas, veces, me imagino tocando el piano cuando escucho música. 

Pero la historia no es sobre mis sueños de artista frustrados, que son varios y abarcan todas las artes, sino sobre mi dedo meñique. 


Hace 3 años, subí una historia en Instagram tocando el órgano. Creo que había practicado varias veces una canción de Los Beatles y alguna otra. Al ratito, un amigo (hoy novio, y futuro marido), me escribió: “Yo no puedo coordinar de esa manera…Igual me intrigan un poco los dos dedos chiquitos para arriba. Una forma bastante cheta de tocar el teclado”. A lo que respondí: “Se me suben solos”. Hizo un chiste como que en otra vida había tenido doble apellido y vivía en Libertador. Uno de los primeros ida y vuelta que terminarían, a los pocos meses, en una relación seria, pero con más chistes. 


No había vuelto a pensar lo de “los dedos chiquitos levantados” hasta que hace un mes, en el gimnasio, en la clase de spinning, me di cuenta de la personalidad de mi dedo meñique. 

Sí, sí, la personalidad, la actitud. 

Nunca me gustó hacer gimnasia. Nunca. Siempre que intento hacer algo y mantenerlo, termino abandonando. Aunque últimamente, con spinning, siento otra cosa, como que me dan ganas de ir. Incluso, ahora, que no voy hace una semana, tengo ganas. Será el pedaleo, la música, la luces de boliche… Se pasa rápido, siento que estoy quemando energía, que descargo. Salgo bien arriba. 


Esa tarde, pedaleando, llegó el momento de las pesas. Varios profes, piden que agarremos pesas de 1 o 2 kilos, para hacer unos ejercicios. Y está bueno, porque es una señal de que falta poco para que termine. 

Agarré las lilas, las más livianas, y empecé a copiar al profe, como siempre. Y ahí me di cuenta de algo raro, incómodo. Una revelación, una señal…

Mi dedo meñique se estaba escondiendo detrás del anular. Apretado. Avergonzado o quizá, asustado. Buscando protección, cansado de levantar peso, haciendo fuerza. Cuando lo vi, lo sentí, al instante me acordé de los dedos chiquitos, arriba, despegados, sobresaliendo mientras los otros tecleaban el órgano. ¿Se sentían plenos? ¿Divertidos? O solo querían alejarse del resto que estaba tocando cualquier cosa. Y en las pesas, entonces, colaboraba con fuerza y compromiso a sus compañeros?

O es al revés. O lo forzado y difícil, llena de miedos a mis dedos meñiques, mientras lo fácil y placentero del juego y la música los elevan. 


Iba a escribir una conclusión muy pensada y meditada. Pero ya no estoy tan segura de mis razones. Ya no sé si forzar las cosas está mal o bien, si esconderse es algo negativo o solo es un resguardo para otra cosa. 

O si es una reacción al esfuerzo que luego, tendrá sus resultados, pero que se sufren en el medio. Pero al final, al final…


Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya no estoy enamorada

Actualizarse

Reprobé